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El PaSquÍn (Lugar de opinión)

Capaz que no salió caminando... pero RESUCITÓ

Capaz que no salió caminando... pero RESUCITÓ

Para quien se acerca a la persona de Jesús, la resu­rrección, entendida desde lo que cuenta el evangelio, deja de ser una curiosidad para convertirse en un reto. Admitir la resurrección no es desentrañar y aclarar un hecho misterioso. A lo más, es deletrear un lenguaje ya tipificado en la Biblia desde antiguo para hablar de la experiencia de Dios y de sus manifestaciones. Es quedarse en cueros ante la pregunta clave: ¿Crees que Jesús ha sido resucitado?

El estudio y la investigación no llevan al conoci­miento de los hechos, pero sí ponen en el disparadero de responder al reto: ¿Estás en disposición de experi­mentar a Jesús como resucitado?

Te invitamos a profundizar este reto que nos hace Antonio González en su libro "Jesucristo"...

RESUCITÓ

Lo sorprendente de la vida de Jesús está al final. en lo que se llama la Resurrección. Si la vida de Jesús hu­biera terminado como la de cualquier ser humano, con la muerte, nadie se habría ocupado de él. La noticia de su ejecución pública se hubiese comentado durante unos días, perdiendo intensidad a medida que pasara el tiempo y otros hechos impactantes ocuparan el primer plano de la actualidad. Pero, en algún momento no lejano a la crucifixión, sucedió algo extraño que hizo cambiar las cosas: los amigos de Jesús comenzaron a decir que Dios lo había resucitado. Esto significaba que Jesús, aun estando en relación con ellos y con la historia huma­no., estaba lleno de la vida de Dios, seguía vivo en el ser de Dios. Y desde entonces comenzaron a reunirse en grupos para recordar al Maestro, y algunos no tardaron en morir por defender su Nombre y su recuerdo.
La resurrección de Jesús provocó más revuelo que su muerte, hasta el punto de pasar a ser el centro de la fe de los cristianos. Lo dijo ya entonces san Pablo: «Si Cristo no ha resucitado, en vano se le anuncia y es inú­til creer en Él (lCor 15,14), La resurrección es, pues, decisiva por tres motivos: para comprender a Jesús, para entender el cristianismo. para definirse como cristianos.
De entrada hay que decir que quienes esperen da­tos comprobables, experimentales, palpables sobre este tema y todo lo referido a Jesús lo tienen difícil. La resurrección no es un hecho verificable a través de documentos, o histórico en el sentido estricto del tér­mino; pero sí es algo real que ha ocurrido y ha trans­formado la historia y la vida de millones de personas a lo largo de los siglos.
 
LA NOTICIA
Posiblemente los discípulos permanecieron en Je­rusalén algunos días después de la ejecución de Jesús. Más tarde regresaron al norte, a Galilea, de donde eran la mayoría. Y, tanto en Jerusalén como en Galilea, surgió la misma noticia: Jesús vive. Más tarde, unos y otros, dejaron de nuevo sus ocupaciones y comenza­ron a anunciar a todos que el Jesús, nacido en Nazaret y ajusticiado en el Calvario, había sido resucitado.
La noticia se extendió como una mancha de aceite; no se hablaba de otra cosa. No era para menos. Los comentarios eran de todos los colores: que si están lo­cos, que cómo va a suceder una cosa así, que si han robado y escondido el cuerpo, que eso era una torna­dura de pelo".; bastantes tuvieron miedo, otros duda­ban y algunos creyeron. Pero los amigos de Jesús in­sistían, y afirmaban con rotundidad que ellos eran testigos y que se habían encontrado con él.
Al hablar hoy de resurrección posiblemente venga a la imaginación alguna imagen de la escultura o de la pintura que muestra a un Jesús victorioso saliendo triunfante del sepulcro. Es una representación de los artistas. En realidad nadie estuvo allí en aquel momen­to y no sabemos si sucedieron así las cosas. No hay pruebas. Hay signos. Y como todos los signos, pueden ser interpretados con distintas claves y significados. Por ejemplo, el sepulcro vacío puede ser signo de que Jesús ha resucitado o de que han robado su cuerpo; lo único seguro es que el cuerpo no estaba allí.
Más aún. Si se quiere saber el auténtico significado de la tumba de Jesús hay que cambiar todos los es­quemas y remitirse a Isaías 53 y 54 donde se encuen­tra la «plantilla» sobre la que se ha contado la muerte, sepultura y resurrección de Jesús. Sólo así entendere­mos que ser sepultado como un rico es la última ofen­sa que recibe el hombre justo. Para confesar que Jesús es el Justo por excelencia para el cristiano se recurre a Isaías y se narra la sepultura de Jesús en un sepulcro nuevo excavado en la roca, aunque en realidad pudie­ra haber sucedido que Jesús no llegase a tener ni se­pultura propia.
Las palabras también son signos Decir ahora que “Jesús ha resucitado” no tiene el mismo significado pa­ra todas las personas actuales, y mucho menos si lo comparamos con lo que intentaron decir los discípulos poco después de la condena y ejecución de Jesús en la cruz. Es necesario conocer las claves interpretativas de los hechos y de las palabras.

LA EXPERIENCIA DE LA RESURRECCIÓN
Los apóstoles y seguidores más íntimos de Jesús proclamaban que estaba vivo, que había sido resucita­do por Dios y que se les había aparecido.
Detrás de estas palabras estaba su experiencia de sentir vivo a Jesús y su decisión de presentarle ante los demás como Cristo, Hijo de Dios y Señor. Es decir, co­mo el no va más, el elegido por Dios como modelo de hombre, y el elegido por los hombres como manifestación definitiva de Dios
Para transmitir ese mensaje de vivencia y de fe los discípulos recurrieron a la cultura ambiental, bíblica. y tomaron las palabras e imágenes que necesitaban pa­ra expresarse y hacerse comprender.
En el Evangelio se habla de que Jesús se aparece a personas concretas, a pequeños y a grandes grupos: que caminó con ellos, que les explicó las Escrituras, que le reconocieron al partir el pan, que le vieron mientras trabajaban, que fueron al sepulcro y no esta­ba, etc. El lenguaje de las narraciones de apariciones está en clave y lo que se quiere transmitir no es que Je­sús se apareciera como un fantasma luminoso que los dejaba boquiabiertos y convencidos de que era él. No. La aparición es una experiencia de Dios que todos pueden tener sin que haya «visiones», es un encuentro espiritual con Dios que no tiene por qué ser externo, aunque no se excluya. Los ángeles son la presencia de Dios, la comunicación de Dios al hombre, y no obliga que sea un espíritu visible.
Ver a Jesús resucitado no fue para sus amigos cons­tatar visualmente el hecho, ni quedar deslumbrados por encuentros raros y maravillosos. Por el contrario, su experiencia de la resurrección fue un proceso sin espectáculo, una experimentación personal de Dios que les llevó a ver la realidad de todos los días con los ojos y el corazón de Dios. Se puede decir que para ellos sentir a Jesús resucitado fue un cambio de mira­da, una renovación óptica: dejaron de ver con los ojos de la cara para mirar con los de la fe. Y con esta nueva mirada comenzaron a ver hacia atrás toda la vida y obra de Jesús, y, repasándola «en moviola», descubrieron dimensiones que antes no habían visto, inter­pretaron con mayor profundidad y captaron el sentido de hechos y palabras de Jesús que hasta entonces les parecían enigmáticas, Descubrieron que el mundo vis­to desde Dios era otra cosa, y que Jesús, visto desde la Resurrección, era otro hombre, era algo más que hombre.
Afirmar que Jesús resucitó al tercer día no equivale a decir pasado mañana, sino, desde la clave de Oseas ya citada, que Jesús ha comenzado a vivir en Dios. Desde ahora todos los seres humanos inician una nue­va vida, unos nuevos tiempos y una nueva historia, También significa, desde la cultura judía, que al no permanecer tres días en la tumba, la muerte no tuvo dominio sobre él. Es lo mismo que se quiere transmitir al hablar de “exaltación”, “glorificación”, «sentarse a la derecha de Dios», Jesús es para sus discípulos, a partir de ahora, el único punto de referencia para hablar del ser humano y para hablar de Dios. Por eso le llaman «Mesías», el culmen de las aspiraciones humanas, y «Señor, el centro del Universo terreno y celestial.
 
TESTIGOS DEL RESUCITADO
Comenzar a decir que Jesús había sido resucitado y complicarse la vida fue todo uno para los discípulos. Ellos habían vuelto al maravilloso paisaje de Galilea, a pescar en el lago y a dedicarse a su familia. Pero sin­tieron que debían dejarlo todo de nuevo, ya no, como antes, para seguir al maestro, sino para hablar de su experiencia y anunciar a Jesús muerto y resucitado. De lo único que presumían era de ser testigos.
Ser testigos no significaba para ellos ser especta­dores de algo, en este caso de la resurrección, sino hacer creíble su mensaje jugándose la vida en ello. Hablar de la resurrección era comunicar más lo acon­tecido a ellos que lo sucedido a Jesús. Eran testigos verdaderos porque, al decir que Jesús había sido resu­citado y se les había aparecido, todos veían que su es­tilo de vida estaba en proceso de cambio y se esforza­ban por comportarse como Jesús había recomendado y además, estaban dispuestos a morir para probar lo que decían.
Afirmar que Jesús estaba resucitado era muy dife­rente a que había revivido, equivalía a decir que Jesús estaba vivo de otra forma, en otra dimensión; y que Dios había intervenido de forma especial para hacer ver que la muerte no era el punto final de su vida, Dios le había «exaltado» haciendo ver que su vida era la mejor vida que se podía tener y la mejor que los de­más seres podían adoptar para ser felices.
Si de la resurrección como hecho físico no hay tes­tigos, sí que los hay, y muchos, de que sus discípulos cambiaron de vida. En vez de tener miedo después de que les hubieran matado al maestro y líder, se llenaron de valor. En vez de huir, se agruparon de nuevo e hi­cieron frente a quienes estaban en su contra. Incluso ya eran capaces de morir sólo por no negar a Jesús. Muchas personas les despreciaban y decían que esta­ban borrachos o locos porque se salían de los esque­mas de la mayoría.
Afirmar que Jesús había resucitado significaba que tenían la experiencia de ver y sentir a Jesús como cen­tro de sus vidas, como Señor. Las apariciones son ade­lantos, degustaciones, de la manifestación total de Dios. Es “captar” que Dios se deja experimentar por el ser humano en la medida en que éste se deja deslum­brar, convencer y poseer por Jesús y su forma de vivir y de morir. Por eso, la cuestión fundamental, para los que escribieron de la resurrección no era comunicar qué pasó físicamente, sino decir que Jesús tenia la vida de Dios y que estaba vivo porque se estaba comuni­cando con ellos. 
 
¿Qué significa la resurrección de Jesús en tu vida? ¿Cómo experimentás/experimentaste esa resurrección en la historia de tu vida?  

1 comentario

roma -

Cuando lees un poco el diario, o prendes la tele, te salpica la sangre de los que han perdido la vida durante la jornada. Atentados, accidentes, crímenes y desastres naturales... Pero también te oscurece la mirada la sombra de esos que \"pierden \" la vida cada dia, encerrados en las cárceles, atrapados por la droga, el alcohol, el hambre, la desesperanza. Te entristece la frialdad de quienes \"pierden\" la vida corriendo detrás de un dinero que a veces ni les corresponde, que se aíslan poque creen que nada les hará falta, una vez logrado el exito...
Te duele la indiferencia de los jovenes que a tu alrededor \"pierden\" la vida porque ya no tienen ideales verdaderos, todo es pasarla bien, ya no hay motivos para jugarse, por nada.
Como ves, hay muchas formas de perder la vida.Fisicamente. Interiormente...
En cambio dar la vida es otra cosa.
Jesus vino a demostrarnos cómo Dios vence toda muerte, vino para decirnos cual es la verdadera Vida. Se entregó con un proposito claro, como la semilla se ofrece a la tierra para brotar. Gracias a El somos perdonados. Es por El, por su sacrificio , que podemos ver la diferencia entre perder la vida y dar la vida. Es por su Resurrección que hoy tenemos la oporunidad de cambiar, de resucitar por dentro, en nuestro espiritu, que a veces anda medio muerto.
Me parece que dar la vida es lo contrario de perderla. Y lo opuesto a perder es ganar. Para pensar: En que momentos, en que cosas estoy \"perdiendo\" mi vida. En que momentos, por qué asuntos \"doy\" mi vida. Para sentir: S.Juan 11, 25 y 26.

Felices pascuas!!
Y regalen huevitos de chocolate, que el Domingo hay que festejarlo. Un beso