Pentecostés
Lectura: Juan 8, 12-19
Jesucristo, luz del mundo llamó en, primer lugar, a unos hombres sencillos de Galilea y les pidió una entrega sin condiciones. Jesús les dijo: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”Luz plena sólo es Dios. Proclamarse luz del mundo es una afirmación velada de su divinidad. Sus palabras no pueden ser tomadas como un testimonio más, sino como manaciones de la luz que llegan a todos los hombres.Entonces surge una gran polémica y "Ie dijeron entonces los fariseos: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es válido”. Así decía la ley en los judíos. Peroaquello no era un juicio, sino una manifestación de la verdad. "Jesús les respondió: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es válido porque sé de dónde vengo y adónde voy” pero ustedes no saben de dónde vengo y adónde voy. Ustedes juzgan según la carne, yo no juzgo a nadie; y si yo juzgo, mi juicio es verdadero porque no estoy solo, sino yo y el Padre que me ha enviado. En vuestra Ley está escrito que el testimonio de dos personas es válido. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre, que me ha enviado, también da testimonio de mí”. Es un momento clave de su verdad: Yo soy ..y el Padre da testimonio de Él, pero ¿dónde se da este testimonio? En la conciencia y en las Escrituras. Y "entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre? Jesús respondió: Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí conoceríais también a mi Padre” Jesús estaba hablando de su divinidad, de su ser Luz para todos. Aceptarlo era entrar en una nueva dimensión: El Dios con nosotros era Aquel que estaba delante de ellos. Si no se aceptaba, se seguía en las tinieblas, acusando a Jesús de blasfemo. La luz es la fe, el amor y la vida de cara a la verdad, el querer conocer verdaderamente a Jesús. Las tinieblas son la incredulidad, la hipocresía, la mentira, el odio, el no abrir el corazón ni aceptar a Cristo. El mismo Juan resume así todo el objetivo de su evangelio: "Estas cosas fueron escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre". La luz es la primera obra de Dios en la creación y es símbolo del mismo Señor, de ese Dios que se hace presente hoy entre nosotros por medio del Espíritu Santo. A todos nos llama el Señor para ser luz del mundo (Mateo 5, 14). Y esa luz no puede ser escondida: "somos lámparas que han sido encendidas con la luz de la verdad" (San Agustín). El Señor nos llama ahora para que vayamos detrás de Él y para llevar la luz de la fe al ambiente en el que nos movemos. La fe que debemos comunicar es luz incansable, incomparable. Y de esta manera nuestras palabras y actos guiadas por el Espíritu llegarán al corazón de nuestros amigos.
Para reflexionar: Ante este mundo de la luz, se le ocurre a Estefanía esta pregunta: ¿Cómo eran las casas en tiempos de Jesús?El padre, que ha estudiado todas estas cosas, le contesta: Toda casa en Galilea tenía lámparas de aceite en cacharros de barro o cerámica. Encender una lámpara constituía un trabajo importante. Los fariseos prohibían hacer esto en sábado porque decían que era pecado. No tenían la luz que tenemos nosotros en casa.Migue, inquieto por el significado de la luz en el Evangelio, le dice al padre: ¿por qué habla Jesús de la luz y qué sentido le da?El padre, extrañado de los avances que van teniendo sus hijos ante la palabra de Dios, le dice: El Evangelio del Reino de Dios es como una lámpara que Dios acaba de encender.Cristo es el mensajero de la Buena Noticia, que es luz para quien quiera aceptar su Evangelio. Toda su vida fue Jesús una luz total mientras anunciaba el mensaje de salvación a todos los hombres. :Jesús, cuando alguien le preguntó quién era, ¿saben cómo respondió? No. Contestó así: "Yo soy la luz del mundo". Mi lámpara no se apagará nunca.¿Qué somos nosotros?, - preguntan a la vez Estefanía y Migue. El padre, viendo sus ojos brillantes de luz, les dijo: Nosotros somos mensajeros del Evangelio. Somos lámparas encendidas como ha dicho Jesús: "Ustedes son la luz del mundo". Si hacemos buenas cosas, alumbramos a los demás. Si no las hacemos, estamos apagados.Y entonces respondieron los hijos: ¡Queremos ser luz en casa y en donde estemos! Nosotros, como cristianos, estamos llamados a ser luz del mundo.
¿Cómo?
Ø Cada uno descubrirá desde que lugar predicará el Evangelio del amor con el ejemplo de nuestra vida y el testimonio de nuestra palabra.
Ø En un tiempo de oración profunda, tratando de escuchar las propuestas de ser luz, que el Espíritu produce en nosotros y que quizá no tengamos condiciones de escuchar en la prisa diaria.
Ø Educando el oído: poder "oír" lo que Dios quiere de mi luz, de mis actos... en la comunidad en que estoy, en mi familia
Ø Educando la mirada: lograr "ver" al Espíritu actuando en tantas cosas y personas como él mueve y dirige... ¿Qué signos de la presencia luminosa del Espíritu de Dios podemos percibir en nuestra vida personal, familiar y comunitaria? ¿Conocemos personas que actúan como luz para nosotros? ¿Qué podemos hacer para encender esa luz que el Espíritu sigue suscitando en nosotros y en nuestras comunidades? ¿Cómo podemos ser claro ejemplo de Luz en nuestro ambiente?
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